
Hoy estaba "ungüentándome" un producto para la piel y de pronto vi que en los ingredientes decía Castor oil. Lo primero que se me ocurrió fue: "Vea, pues, no como animales, pero, me los estoy untando en la cara".
Afortunadamente, me gusta averiguar antes de armar alboroto y una vez más comprobé que la ignorancia es muy "bonita", atrevida y, si se me permite, hasta peligrosa.
Resulta que el tal Castor oil, no es aceite de castor, como mal lo han traducido, sino aceite de ricino (aceite vegetal obtenido de la higuerilla). Y aunque en muchas partes se puede encontrar información muy completa sobre este producto, no faltó la página, blog vegetariano o de defensa de animales, que despotricara del aceite porque "pobres castorcitos".
Entonces: la ignorancia es bonita, porque luego me reí de mí misma al recordar el friecillo que me bajó por la espalda, cuando creí que me estaba sobando fluido de roedor semiacuático. Es atrevida, porque por un momento me indigné. Y es peligrosa, porque si yo fuera otra, habría enviado un correo electrónico a todas mis amistades alertándolas de la situación y desprestigiando una empresa (con la posterior vergüenza cuando todo se aclarara y me diera cuenta del error)
Por eso escribí esto, los medios electrónicos están actualmente llenos de alarmismos y la gente reenvía información que la mitad de las veces contiene mentiras premeditadas, otro cuarto es mala interpretación y el otro tanto, verdad a medias.
En fin, es bueno sentarse aquí con la piel tersa y en paz con los castores.
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Exprésate!!!